ALGO PARA RECORDAR

 ALGO PARA RECORDAR

Al abrir la puerta, un aire enrarecido salió discretamente al exterior. El local era ridículamente pequeño con apenas 10 asientos repartidos en tres hileras pegadas a la pared que dejaban libre únicamente la entrada principal.

Al cruzar el umbral el corazón me volvió a dar otro aviso de inconformidad pero yo no podía flaquear, tenía que aferrarme a mi mentira, él estaba sufriendo y lo hacía por su bien. Menudo montón de mierda.

Incluso hace unas horas decidí prescindir de tal aberración y buscar alternativas que pudieran satisfacer a todos. Que inocente por mi parte, que imbécil, nunca fue una decisión enteramente mía.

-Hola, ¿En que puedo ayudaros? - La voz de la veterinaria me saco del trance de angustia en el que estaba sumergido.

-Hola, buenas tardes, queríamos información sobre la eutanasia de un perro-

conteste, apenas levantando la cabeza, que había permanecido fija mirando a mi querido amigo Yaki, el cual reposaba tranquilamente recostado en el suelo, confiado, leal, describiendo la actitud noble que siempre había tenido desde el primer día. 

-¿Pero qué le pasa al perro?- interrogo la Veterinaria.

-Pues no puede andar y es muy viejo.- Displasia- Interrumpí yo abruptamente dejando a mi madre con las palabras en la boca.

Mi madre que generosamente se había ofrecido para llevar ella sola al perro para ahorrarme el sufrimiento además de correr con todos los gastos que conllevara la eutanasia. ”Eutanasia” bonita palabra para describir un asesinato. Dicho suavemente incluso parece engañar a la mente como algo positivo, otro montón de mierda.

-¿Pero todavía se puede mover?- siguió preguntando, indolente a nuestros claros signos de sufrimiento.

-Si se puede mover, pero de forma reducida además se cae de las escaleras por no poder subirlas y de vez en cuando no aguanta sus necesidades- Mientras las palabras salían de mi boca no podía saber si eran para la doctora o para convencerme a mí mismo.

Al momento empezó con la retahíla de precios, en ese instante cualquiera se hubiera 

dado cuenta que el estado del perro no le importaba en absoluto, esas preguntas soloe ran por pura formalidad y no asi los más de 200 euros que se llevaría por 10 minutos de “trabajo”.

No podía creer que esta mañana cambiara de opinión tan solo por un mensaje de mi mujer donde me exhortaba a tomar una resolución con el perro, dándome la opción del médico en lugar de... pero el tiempo de convivencia me decía que esto sería un problema en breve y determine retomar la decisión que días antes se había discutido y aceptado, una decisión a lo mejor cobarde, a lo mejor sencilla, pero sobre todo hipócrita… con ese mensaje intentaba exorcizarme de la culpa. 

-Cuando estéis preparados podéis pasar- comento la verdugo.

Al introducirnos en la consulta el corazón volvió a discutir esta acción con una presión punzante y amarga, no estaba dispuesto a perder esta batalla sin pelear cada minuto y cada segundo.

 Yaki como siempre obediente se levanto y nos siguió al interior sin temer, sin saber que iba a ser testigo de la peor de las traiciones, las personas que amaba con total lealtad e incondicionalidad, las personas por las que él habría dado su vida, le iban a quitar la suya.

-¿Podéis subirlo a la mesa por favor?- por supuesto conteste con la voz entrecortada, 

al tiempo que lo ponía en el yugo.

Al mirarlo, por última vez con vida, me fije que realmente tenía una edad avanzada.

Era un mestizo de pastor alemán, de capa negra con bordes café y dorado, los años 

le había perfilado el hocico con pelo canoso al igual que el rabo y la parte trasera del 

lomo, sus ojos eran de tamaño mediano, con forma de almendra, y de un color oscuro

que dejaba entrever unos reflejos blancos por la pérdida de visión paulatina… sin 

embargo lo más sorprendente era su mirada, podía transmitirte un mensaje claro y 

conciso. Contigo para siempre...

Al mirarlo a los ojos me desmorone y mi corazón empezó a luchar todavía más duro 

viendo que el final de la guerra estaba próximo.

-Os explico como lo voy a hacer, primero le pondré un anestésico vía intravenosa 

porque por vía intramuscular tarda media hora en hacer efecto y no quiero alargaros 

el mal trago y a continuación le pondré lo “otro”- nos indico mientras le depilaba la 

pata izquierda para dejar expuesta la vena. Otro palabro muy acertado “lo otro”.

Para la primera inyección intento encontrar la vena hasta 4 veces, le temblaba el 

pulso como a cualquier yonki con un mono de dos días, apenas podía creer lo que 

estaba viendo, de donde había salido esta mujer que no sabía ni poner una inyección.

El perro se dejaba hacer sin siquiera hacer un movimiento...

Pero cuando por fin pudo poner fin a la masacre acertando en la anestesia todo mi 

mundo se derrumbo...

La anestesia hizo un efecto inmediato y dejo a mi amigo y compañero con la lengua 

fuera, encima de la mesa de acero, queriendo limpiarse el morro pero sin apenas 

poder moverla, la saliva salía sin control y llego hasta el suelo...

Y mi corazón gano la batalla... se hendió dentro del pecho hasta notar un dolor físico y

real… se me saltaron las lagrimas y entretanto le depilaba la pata derecha para la 

segunda inyección intente parar esa locura.

-¡Que pasa si me arrepiento!- le dije en un tono un poco elevado.

-¡Eso no me lo podéis hacer ahora!- contestó algo nerviosa.- Si estáis aquí será 

porque lo habréis meditado y pensado bien.-Volvió a replicar con un tono más suave, 

con una clara intención de tranquilizarme.

 Cosa que no surtió efecto al observar como la lengua de mi compañero se tornaba 

morada y a mi madre le rodaban lagrimas por la cara.

ero si me arrepiento, ahora solo tiene la anestesia puesta! ¿verdad?-

El corazón no paraba de bailar, y con cada paso, un calambre, y con cada vuelta un 

sentimiento de culpa… todo se torno irreal, no podía estar pasando.

Y todo se aclaro en mi cabeza ¡¡Lo estaba sacrificando!! 

-Es lo mejor- las palabras de mi madre me despertaron de ese letargo angustioso 

que me estaba devorando... y me rendí...

Al final mi amigo murió, no sé porque fue en realidad... era viejo… estaba enfermo… o

simplemente molestaba… lo que si se es que esta vida en muchas ocasiones es solo 

un montón de mierda.

P.D.T: Lo único que me reconforta es la decisión que tome algunos días antes de este 

fatídico suceso cuando por primera vez decidimos su destino.

Le explique a mis hijas lo que iba a pasar con nuestro querido perro y cogí la cámara de fotos para poder tener... algo para recordar...

Pedro M. Mares

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